Autora: Antonia Hernández Estévez 

Historia

En 1963, el día de la inauguración del Museo Gustavo Le Paige, también conocido como Museo Arqueológico de San Pedro de Atacama, su fundador, el padre Gustavo Le Paige, entregó una alcancía a diez jóvenes que habían sido sus ayudantes en las excavaciones y en la formación del recinto de exhibición.

En la fotografía inaugural, el sacerdote posa junto a ellos y a socios de la Asociación Hijos del Valle; detrás de la cámara, se erige la estructura del museo: una edificación de formas circulares que, en su interior, albergaba una exhibición con mesas repletas de cuerpos momificados y ajuares funerarios.

Hoy, la estructura original se alza entre ruinas, con rayados en las paredes, latas de cerveza y basura acumulada en los rincones, apenas una sombra de la peculiar construcción circular que alguna vez ocupó el terreno de la Calle Gustavo Le Paige 380, en San Pedro de Atacama.

Durante sus más de 50 años de funcionamiento, el Museo Gustavo Le Paige reunió la colección más grande de piezas de la Cultura Atacameña de todo el país, llegando a estar constituido por tres secciones: el hall de exhibición, el pabellón de laboratorios, investigación, biblioteca y documentación, y el pabellón bodega. En 1991, se inauguró en la exhibición principal la Sala del Tesoro, con una muestra permanente de piezas arqueológicas confeccionadas con oro.

¿Quién fue Gustavo Le Paige?

Gustavo Le Paige llegó a Chile en 1952 directamente desde su labor como misionero en el Congo Belga. Sacerdote jesuita y aficionado a la arqueología, asumió inicialmente como párroco en la capilla situada en Chuquicamata, donde recorrió la zona colindante al río Loa, repleta hasta el día de hoy de gran cantidad de material arqueológico.

Su interés por el patrimonio histórico venía de antes: en el Congo, había realizado estudios etnográficos y defendido la preservación del “arte negro”.

Ya en nuestro país, eventualmente Le Paige se relocaliza en San Pedro de Atacama como párroco de la localidad, donde establece una relación estrecha con los habitantes de la zona, quienes, con un conocimiento comunitario local único, colaboraron en la lenta pero segura formación de una colección arqueológica en manos del sacerdote.

Así, especialmente los niños de San Pedro, comienzan a llevar a Le Paige a distintos cementerios y sitios arqueológicos, llegando a instaurar más adelante un sistema de remuneración al trabajo de estos jóvenes en la excavación y recopilación de diversos artefactos.

Imagen: Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo, Universidad del Norte

El museo tomaría forma en 1957, comenzando como exposición dentro de la Casa Parroquial, y ya formalmente en 1963, con la fundación oficial del Museo Arqueológico de San Pedro R.P. Gustavo Le Paige, gracias al apoyo de la Universidad del Norte (hoy Universidad Católica del Norte).

¿Qué pasó?

Los primeros indicios de problemas surgieron en 2009, cuando una evaluación de la infraestructura, realizada por la unidad de Colecciones y Conservación del Museo, reveló que las condiciones de conservación no eran óptimas para resguardar el material arqueológico del lugar. Ante este riesgo, se impulsó la elaboración de un plan de contingencia para abordar la situación y evitar el deterioro de la colección.

Así, se aprobó en 2014 un proyecto de reestructuración del museo, financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Regional, que contaría con dos fases: primero, el traslado de colecciones, y luego, la construcción de un nuevo museo.

La iniciativa fue adjudicada por la Municipalidad de San Pedro de Atacama y la Universidad Católica del Norte, quienes destinaron el presupuesto a la contratación de la empresa española Procoin Industrial S.A para llevar a cabo las obras.

Sin embargo, el proceso enfrentó serias dificultades. La construcción invadía terrenos particulares, y además, el espacio designado resultó insuficiente para los planos del nuevo museo.

Ante estos problemas, la empresa encargada de las obras presentó una demanda contra la municipalidad y el Gobierno Regional de Antofagasta. No obstante, el caso quedó archivado, dejando el proyecto en un estado de incertidumbre.

El museo quedó abandonado a partir de mediados de 2016, sumido en el olvido y expuesto a los efectos destructivos de la intemperie. Sin mantenimiento ni vigilancia, sus estructuras comenzaron a deteriorarse, afectadas por las lluvias, el viento, e incluso un reciente incendio que agravó aún más su ya crítico estado.

Imagen: La Tercera

¿Y el proyecto original?

Ahora bien, el proyecto original no estuvo exento de detractores y críticas, entre ellas la decisión de desmantelar el edificio original, considerado por miembros de la comunidad y expertos como parte del patrimonio histórico de San Pedro de Atacama.

La decisión de no restaurar al edificio se debió a que, según los reconocimientos efectuados, este se encontraba con daño irreparable a causa del desgaste de sus materias primas.

Más allá de esto, la suspensión casi permanente de las exhibiciones ha puesto en pausa también un importante debate sobre el origen del Museo de San Pedro y la figura del Padre Le Paige.

Reconocido a través de los años como impulsor de la modernización en la ciudad de San Pedro de Atacama, con su fomento al turismo y desarrollo social, estos íconos patrimoniales han sido cuestionado por diversas comunidades como producto de un paradigma colonial, donde las actividades arqueológicas efectuadas por el padre corresponderían a un acto de apropiación sobre tierras y patrimonios indígenas.

Una controversia antigua

Esta discusión no es nueva, y problematizar la historia de la arqueología en la región no tiene por qué caer en un ejercicio de revisión histórica, sino que debe orientarse a la reparación y diálogo con quienes han sido afectados en esta transformación de objetos sagrados, con valor de culto, en mercancías de exhibición para colecciones ajenas.

Bajo esta misma línea, en el año 2007 el Museo Padre Le Paige retiró los cuerpos humanos que mantenía en exhibición tras las demandas del Pueblo Licanantay, quienes objetaron.

La licitación impulsada en 2014 se sustentó en la aplicación de una consulta de Participación Ciudadana, una medida administrativa que incluyó a la comunidad local, pero que no logró integrar adecuadamente a los estamentos correspondientes.

En este contexto, no se llevó a cabo una consulta indígena vinculante que considerara la opinión de las agrupaciones pertinentes sobre el futuro del Museo R.P. Gustavo Le Paige de San Pedro de Atacama y sus colecciones.

Esta omisión dejó de lado a quienes, desde su conexión ancestral con el patrimonio, deberían haber tenido un papel crucial en la toma de decisiones sobre su preservación y exhibición.

Imagen: sanpedroatacama.com

¿Y la colección?

El traslado de la colección, para el cual inicialmente se habrían proyectado seis meses, terminó extendiéndose poco más de dos años, finalizando en febrero de 2016.

Así, se transportaron alrededor de 12.200 cajas de material arqueológico a la Universidad Católica del Norte, con más de 400.000 piezas, entre ellas 5.000 cráneos humanos, 300 cuerpos, material malacológico, artefactos líticos, textil, maderas, cerámicas, metales, y otros objetos de gran valor histórico.

Al día de hoy, la colección continúa situada en la UCN, resguardada en lo que denominan depósito arqueológico museable inclusivo. Aunque no se exhibe en un formato museológico convencional, una parte del acervo puede ser visitada bajo previa inscripción en una modalidad de reserva visitable.

Esto pasó

Gran parte del registro arqueológico del Museo Padre Le Paige continúa bajo llave, esperando a que el largo conflicto legal sea resuelto. En 2022 se aprobó una nueva licitación en Mano del Ministerio Obras Públicas, denominada Reposición Museo Gustavo Le Paige San Pedro De Atacama, con el objetivo de reevaluar las condiciones de conservación del registro arqueológico y la construcción de nueva infraestructura para este, esta vez con la inclusión de una consulta indígena.

Hoy, el Museo Gustavo Le Paige permanece como un vestigio de su propia historia: su estructura original en ruinas, su colección bajo llave, y su reapertura como un interrogante abierto.

A pesar del cierre del recinto, los trabajadores del museo continúan su labor, dedicados al manejo y conservación de las colecciones, además de participar en congresos, exposiciones y charlas.

Sin embargo, aún no hay certezas sobre la concreción del proyecto más reciente ni una fecha estimada para la reapertura: lo que alguna vez fue un punto de referencia para la arqueología en Chile ahora un espacio suspendido en el tiempo, atrapado entre el pasado y un futuro incierto.

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